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martes, 1 de octubre de 2013

El lobisón

Si tan solo pudiera ayudar a mi padre a superar la misteriosa muerte de mi madre, si lo pudiera salvar de suicidarse por el solo hecho de estar en el cielo junto a mi madre, lo haría. Mi padre se siente realmente culpable porque siente que la dejó sola a mi madre y por eso la mataron. 
El jardinero se acerca lentamente a mi lado, demasiado apuesto, de mi edad. Me besa y se retira al jardín. Hace 5 meses que trabaja para mi padre y de verdad es de gran ayuda, aunque siento que vino por alguna extraña razón, justo el día después de que asesinaran a mi madre, estaba él, Pedro, en la puerta de mi casa buscando un trabajo y al instante nos enamoramos. 
-Laura, tu padre está muy mal otra vez- me avisaba Pedro desde el dormitorio. Esta situación la había vivido 100 veces; yo lo llevaba al patio para que tomara aire, le sacaba sus enfermizas pastillas y lo recostaba.
-Vas a estar bien- le doy un beso en la mejilla y me retiro. 
Me acurruco al lado de Pedro, estaba preocupado.
-Vamos a dar una vuelta- me levanta con tanta fuerza que me asusta.
Salimos al oscuro patio y su mirada me da escalofríos. Me apoya contra el árbol que había plantado mi madre hace 10 años atrás y mentalmente me habla diciendo -Tenes que saber la verdad, porque te amo-
Me asusto demasiado, intento gritar y no puedo, lo miro a los ojos y al instante muchas imágenes pasan como una película: Era él, Pedro, en plena luna llena sin poder contenerse, transformándose en un horrible lobisón; mi madre, en el lugar que la mataron, sacando fotos... 
Pedro se le tira en sima, ya no se oyen gritos. 
Intento escapar de los profundos ojos de Pedro y le pego fuerte en la cara. Mis lágrimas se escurren por mi cara, sin saber por qué, había superado la muerte de mi madre. Pero claro, él había venido a trabajar acá porque se sentía culpable. Me escapo de sus brazos y me dice
-A pesar de que me odies, siempre estaré ahí, para protegerte-
Y se va, mi vida se desploma; entro a casa, me acuesto junto a mi padre y oigo a lo lejos, el aullido de un animal asustado, preso por la culpa.